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viernes, 4 de febrero de 2011

NO SE ENTIENDE

A veces pienso que los mendocinos somos simples espectadores de nuestra realidad. No entiendo como, mientras en 2001 el país tomaba las calles, en Mendoza nos resistíamos a enfrentar tremenda realidad que nos tocaba directamente en las entrañas. No se entiende como, mientras el país estaba inmerso en los juicios de lesa humanidad, en Mendoza se permitía y, aún más terrible, se justificaba a los dictadores, llegando tarde a la impartición de justicia cuando los torturadores ya estaban en edad de pasar a mejor vida. No se entiende cómo, mientras en Buenos Aires se libra una batalla contra los monopolios, en Mendoza los periódicos no mendocinos más vendidos fueron Clarín y La Nazión.  No se entiende cómo, inmersos en una fuerte política de derechos humanos, en el complejo penitenciario San Felipe se masacre a los reclusos. No se entiende cómo, en medio de una lucha histórica entre el Gobierno Nacional y la Iglesia Católica, un gobernador Malargüino sea tan indiferente a la censura y la minimización del delito de la pederastia protagonizado por tantos curas “Patos” que pueblan nuestra provincia. No se entiende cómo, en una provincia con la casa de estudios superiores más respetada en Latinoamérica, un grupo económico les usurpe terrenos que les corresponden.

Y lo más triste es que tenemos una sociedad adormecida por la herencia cultural intransigente que legamos de los sectores de derecha, tan católicos, tan conservadores, tan tiranos que, casi sin darnos cuenta, nos obligaron a yuxtaponer valores mediocres, naturalizados por muchos que sin tener la capacidad de interpelarlos, se transmiten de generación en generación y por eso nos da la sensación de vivir en el siglo XVI.

Pero, sin ánimos de caer en un optimismo nocivo, tengo arraigada fuertemente la esperanza de vivir para ver el cambio axiológico en una provincia pacata y castrense y de una vez por todas, sentarme en la plaza Independencia a respirar nuevos aires de libertad.