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viernes, 28 de octubre de 2011

RESPETO POR LA DIVERSIDAD

Mendoza, 28 de Octubre de 2011


RESPETO POR LA DIVERSIDAD

Desde la Asociación Civil Mendocinxs por la Igualdad estamos profundamente conmovidxs por dos notas en particular, publicadas por columnistas del medio virtual “El Mendolotudo” y replicadas por el diario virtual MDZOL (Mendoza On Line). Las notas son “Beneficios de estar de novio con un travesti” de alguien que se hace llamar “Doctor Bomur”, y “Lo que el feminismo nos legó”, de otra persona que se hace llamar “Ángel Gris”.

El contenido de ambas notas es altamente ofensivo y contiene todos aquellos componentes contra los que se está batallando desde organismos de gobierno y desde los sectores de la sociedad civil.

La misoginia, el desprecio por la mujer, la humillación hacia las sexualidades diferentes han sido históricamente parte de la intolerancia de este país. Intolerancia que ha llevado en los más de los casos a consecuencias gravísimas como los crímenes de odio. 

Este machismo es el responsable de la desigualdad de poder que se ejerce constantemente entre el varón y la mujer, entre lo heterosexual y lo no heterosexual, de creer que los varones, por el solo hecho de serlo, están un escalón por encima de las mujeres. Aprendimos a creer que la norma es la heterosexualidad y todo lo que escape a ella representa un disvalor en sí mismo. Pero lo cierto es que cada vez que una mujer es violada, acosada, violentada, insultada, golpeada, negada, invisibilizada, explotada, secuestrada para la explotación sexual, obligada a obedecer, asesinada, obligada a callar y humillada al grado de querer desaparecer, esa responsabilidad es de todxs los hombres y mujeres que fomentamos y transmitimos ese machismo sexista, transfóbico y misógino como un valor ponderable.

¿Qué nos hace creer que el ser heterosexual es “la norma”? ¿Qué nos hace creer que el ser varón es mejor que el ser mujer?

Es con el lenguaje que condenamos o garantizamos las libertades, derechos y posibilidades de ser. Cuando usamos un plural masculino para denotar a todos y todas estamos invisibilizando a las mujeres. Cuando creemos que tenemos el derecho de entrar en la vida de lxs demás, de invadir la vida privada de lxs otrxs, no estamos haciendo otra cosa que sesgando sus derechos a ser y decidir sobre sí mismxs. 

Entonces, si el lenguaje está operando como un repetidor de conductas y de modelos misóginos, discriminadores y sexistas, los medios de comunicación tienen la enorme responsabilidad de frenar la reproducción de esos estereotipos fabricados, no reales, acerca de mujeres y de personas trans. En ese sentido, es inconcebible que existan publicaciones como las que “El Mendolotudo” ampara y defiende. 

Este medio online se dejó ver muy indignado con el INADI provincial porque tomó acciones frente al tratamiento de las notas publicadas por ellxs y replicadas por MDZOL. El INADI está para eso, para observar mediante denuncia la conducta discriminadora de todxs. En los twits de El Mendolotudo se excusan en “el chiste”, y no dudamos de que haya sido ese el espíritu, pero no se puede dejar pasar. También argumentan que hay dirigentes de ese organismo, como el delegado de La Rioja, que está acusado de ejercer violencia contra su pareja, como si esa situación (que el INADI de ninguna manera ha justificado, ocultado ni amparado) fuera una excusa para el proceder del medio periodístico. 

De continuar con ese tipo de publicaciones, nos veremos en la obligación de pensar que son la misma cosa que Agencia Nova, publicación que explicita constantemente su transfobia y odio contra Florencia Trinidad. 

Necesitamos que los medios de comunicación se comprometan en las diferentes luchas contra las violencias y discriminaciones, si no puede ser difundiendo las luchas de lxs diferentes colectivxs y promoviendo sus derechos, al menos, absteniéndose de replicar estos estereotipos y modelos tan nocivos para la sociedad.

Fuente:

miércoles, 2 de febrero de 2011

ELOGIO A LA MUJER BRAVA

Por Héctor Abad.

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!

¡Oro por que mi HIJA sea de éste maravilloso grupo y encuentre hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres !!!



* Para quien no lo sepa, Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se recibió en Literatura moderna en Italia. Regresa a Colombia en 1987 cuando un grupo paramilitar asesina a su padre (médico defensor de derechos humanos y fundador de la que ahora es la facultad de medicina), pero vuelve a Italia por amenazas recibidas. Regresa en 1993, aproximadamente, y en la actualidad reside en Bogotá.